- Otro puto día más! piensa antes de incorporarse, se sienta en el borde de la cama y levanta la cabeza hasta mirar el techo que se descascára por la húmedad.
- Hay que arreglar esa guada - Vuelve a pensar.
Una vez de pie busca las sandalias, una toalla y se dirige al baño. Parado frente al espejo se frota la cabeza , no le gusta del todo su aspecto mañanero. No quiere verse más. Se desviste y entra a la ducha. En veinte minutos está listo y con el cabello aún mojado toma su taza de café y un pan con mantequillla. No habia tiempo para más. La calle lo esperaba para devorarlo.
Tomar el microbus, buscar asiento, una hora de viaje diaria, dos horas al dia perdidas sentado junto a gente que no conoce.
- Bajan en el Polo!! gritó al oído del cobrador gritón para que entienda como joden sus gritos destemplados. Llega al pie del edificio y duda si entrar a la oficina o largarse a la playa , un verano hermoso y tentador asomaba en el cielo. Pero el deber exigia el sacrificio, subió al asensor y bajó en el piso 4. Caminó los mismos 42 pasos antes de saludar a viva voz y sentarse en su espacio, su cabina de transportación mental. 9 horas diaras que sumadas a las 2 de viaje las 8 de sueño, y dos horas adicionales para comer, hacer caca - pichi y bañarse daban como total 21 horas de rutina.
Resumiendo, le quedaban 3 horas diarias las cuales debía compartir con la familia, el amor de turno, la bodega del esquina, su perro, hacer algo de música, escribir un cuento, un poema sórdido, ver el noticiero de la noche o tirarse un pedo, no había tiempo para más.


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